"El problema es Sam Altman”: la industria de la IA se enamorĂł de OpenAI, pero no se fĂa ni un pelo de su CEO
En OpenAI ven un futuro en el que la semana laborales deberĂa tener cuatro dĂas. No solo eso: cada ciudadano deberĂa recibir una parte del crecimiento econĂłmico generado por la IA. Son algunas de las propuestas que la compañĂa ha publicado ayer con el objetivo de prepararnos para la "era de la inteligencia".
Y justo el dĂa que publicaban esa propuesta plagada de buenas y tranquilizadoras intenciones, llegaba un mazazo para el CEO de OpenAI, Sam Altman. Una investigaciĂłn publicada en The New Yorker volvĂa a poner en tela de juicio su forma de actuar, muy criticada por parte de expertos e ingenieros que trabajaron con Ă©l. La conclusiĂłn de todos ellos: mejor no te fĂes de Sam Altman.
¿Cortina de humo? Esa propuesta llena de optimismo contrasta con el reportaje publicado en The New Yorker y en el que los autores entrevistaron a mĂĄs de 100 personas "con conocimiento de primera mano de cĂłmo Altman se comporta en los negocios". Y entre ellos, rivales como Ilya Sutskever o sobre todo Dario Amodei que fundaron sus propias startups. Ambos criticaban duramente a Altman. Sutskever acumulĂł documentos internos y mensajes en los que se mostraban engaños y manipulaciones. Amodei afirmaba que el obstĂĄculo para la seguridad de la IA es el propio Altman, que deja ese ĂĄmbito en segundo plano frente a la ambiciĂłn de poder personal y crecimiento desmedido de la compañĂa. Para sus antiguos socios Altman no es un visionario, sino un actor con una pose calculada.
Dice una cosa, hace otra distinta. El escĂĄndalo del despido y posterior retorno de Altman se debiĂł precisamente a esa actitud en la que el consejo lo acusaba de que "no habĂa sido consistentemente franco en sus comunicaciones". Es lo mismo que hemos leĂdo en otras ocasiones: Altman tiene una personalidad dual. En Ă©l se mezclan el deseo patolĂłgico de gustar y ser aceptado, con la falta de preocupaciĂłn total por las consecuencias de sus metiras a largo plazo. Le dice a sus interlocutores lo que quieren oĂr, para luego hacer lo que realmente querĂa desde el principio. Es algo que por ejemplo narra una y otra vez Karen Hao en su libro 'Empire of AI', en el que, todo sea dicho, errĂł al calcular el consumo de agua de centros de datos mencionados en sus estudios. En el reportaje mencionan como el conocido programador Aaron Swartz lo conociĂł antes de morir en 2013 y comentĂł de Ă©l ya entonces que "es un sociĂłpata".
La imagen pĂșblica lo es todo. La publicaciĂłn del documento de OpenAI se produce en un momento especialmente crĂtico para la empresa, que estĂĄ envuelta en una crisis reputacional y estratĂ©gica. Anthropic ha logrado convertirse en la niña bonita de la industria de la IA —sin ser ni mucho menos perfecta— y OpenAI se ha dado cuenta de que estaba experimentando con demasiadas aplicaciones de la IA que no eran rentables y ahora quiere reenfocarse a aquello que lo da. Las buenas intenciones mostradas en el documento tratan de poner de su lado a la opiniĂłn pĂșblica justo cuando la empresa planea su salida a bolsa.
Aprendiendo del pasado. Los crĂticos de Altman revelan que es un experto en diseñar mecanismos de control que se convierten en humo. Apoya regulaciones de la IA (al menos, las que le favorecen) e impulsa pĂșblicamente comitĂ©s de Ă©tica y de alineamiento y seguridad de la IA que en realidad luego tumba de forma interna, al menos segĂșn quienes trabajan con Ă©l. PasĂł cuando prometiĂł destinar el 20% de la capacidad de cĂłmputo al equipo de superalineamiento, para luego en realidad ceder solo entre el 1 y el 2% de esa capacidad. Jan Leike, que fue nombrado colĂder de ese equipo junto a Sutskever, dimitiĂł en mayo de 2024 indicando que "la cultura y los procesos de seguridad han quedado relegados a un segundo plano frente a productos llamativos", explicaba en un hilo en X. AcabĂł fichando por Anthropic.
CrĂticas interesadas. Aunque la trayectoria de Altman al frente de OpenAI –con lo que pasĂł con el PentĂĄgono como ejemplo reciente— refuerza los comentarios de quienes le critican, hay que recordar que la competencia en esta industria es actualmente feroz. Muchos de los que participan en el reportaje son rivales directos y por tanto sus crĂticas, veladas o no, son en parte interesadas porque perjudican a su competidor.
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