No es que Elon Musk haya conseguido introducir su influencia en la NASA. Es que ha entrado arrasando

No es que Elon Musk haya conseguido introducir su influencia en la NASA. Es que ha entrado arrasando
no es que elon musk haya conseguido introducir su influencia en la nasa. es que ha entrado arrasando

Elon Musk fundĂł SpaceX en 2002 para convencer a la humanidad de colonizar Marte. Crear una ciudad autĂłnoma en el planeta rojo y convertir al ser humano en una especie multiplanetaria, insiste habitualmente el empresario, evitarĂ­a nuestra extinciĂłn en una gran guerra termonuclear, un cambio climĂĄtico irreversible o el impacto de un meteorito.


Lo que tal vez Musk no imaginaba era que algĂșn dĂ­a tendrĂ­a el poder suficiente para que el gobierno de Estados Unidos adoptara su visiĂłn como "destino manifiesto" del paĂ­s y SpaceX pasara de ser un contratista de la NASA a una locomotora en primera lĂ­nea de la toma de decisiones.


Un ambiente tenso. Una vez al frente de la NASA, Janet Petro acatĂł la orden de cierre de todas las oficinas relacionadas con el programa de Diversidad, Equidad, InclusiĂłn y Accesibilidad (DEIA), y no tuvo problemas en adoptar la retĂłrica de Trump para anunciarlo en un polĂ©mico comunicado interno: "estos programas dividieron a los estadounidenses por raza, desperdiciaron fondos pĂșblicos y resultaron en una discriminaciĂłn vergonzosa".


Petro instĂł a los empleados a denunciar a quienes no cumplieran la orden, habilitando un formulario para ello, que segĂșn un reportaje de Ars Technica ha contribuido a una moral muy baja entre trabajadores de la NASA.


Los astronautas "varados" en el espacio. Para algunos de estos empleados, la gota que colmĂł el vaso fue el mensaje de Elon Musk anunciando que SpaceX rescatarĂ­a, a peticiĂłn de Trump, "a los dos astronautas varados en la EstaciĂłn Espacial Internacional". Es decir, a Butch Wilmore y Suni Williams, tripulantes de la fallida misiĂłn de certificaciĂłn de la nave Starliner de Boeing.


Tanto Musk como Trump incidieron en que los astronautas llevaban demasiado tiempo abandonados (desde junio de 2024), pero la NASA habĂ­a dispuesto en agosto, mucho antes de las elecciones presidenciales, un transporte de vuelta para ambos: dos asientos vacĂ­os en la misiĂłn Crew-9 a bordo de una nave de SpaceX que, de hecho, estĂĄ desde septiembre acoplada a la ISS.


Wilmore y Williams simplemente pasaron a formar parte de la tripulaciĂłn permanente de la estaciĂłn orbital a la espera de la prĂłxima misiĂłn de rotaciĂłn de astronautas, Crew-10, que fue retrasada hasta finales de marzo. Es costumbre que los astronautas salientes pasen unos dĂ­as con los entrantes antes de volver a casa para compartir cualquier informaciĂłn relativa a los experimentos cientĂ­ficos a bordo o el mantenimiento de la estaciĂłn.


Giro de timón hacia Marte. Todavía resuena en la NASA otro tuit en el que Elon Musk tildaba la Luna de "distracción" frente a la "prioridad" de colonizar Marte. Poco después, durante su toma de posesión, Trump describió la conquista marciana como "destino manifiesto" de Estados Unidos, y no demorarseon en surgir rumores de que, bajo la nueva administración, el programa Artemis sería reestructurado para enfocar los recursos de la agencia en pisar el planeta rojo.


Fue precisamente la primera administraciĂłn de Donald Trump la que priorizĂł las misiones lunares con la creaciĂłn del programa Artemis en 2019, del que SpaceX es uno de los principales contratistas con la aportaciĂłn de su nave Starship como mĂłdulo de aterrizaje tripulado. No obstante, el objetivo interno de SpaceX es enviar cinco Starship sin tripulaciĂłn a Marte en 2026 y, si los aterrizajes salen bien, su primera misiĂłn tripulada a la superficie marciana en 2028, una meta absurdamente ambiciosa incluso con los recursos de la NASA.


La tijera de Musk. Como dueño de SpaceX, Musk tendría un serio conflicto de interés si tomara directamente decisiones que afectasen a la NASA. Pero su papel al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), que funciona como auditor externo estrechamente vinculado a la Casa Blanca, hace temer por un recorte del 30% en el presupuesto de la agencia a base de cerrar centros, trasladar sedes y cancelar programas importantes.


A Musk se le da especialmente bien abaratar costes, pero haría falta una enorme reasignación de fondos si la prioridad de la NASA fuera llevar humanos a Marte, un objetivo para nada barato que a su vez supondría ceder a China varias victorias simbólicas en la Luna. Pisarla no, porque China planea hacerlo por primera vez en 2030 y Estados Unidos ya envió 12 astronautas a la superficie lunar entre 1969 y 1972, pero con la NASA centrada en Marte, quizå sea China el primer país en levantar una base científica tripulada en la órbita o la superficie del satélite.


El papel de Jared Isaacman. Aunque sus intenciones son por ahora un misterio, muchos empleados de la NASA tienen sus esperanzas puestas en Jared Isaacman, el nominado de Trump para liderar la agencia. Isaacman, un multimillonario sin experiencia previa en la NASA, volĂł dos veces al espacio en misiones privadas de SpaceX y es descrito por medios como The Atlantic como un "mini-yo" de Elon Musk, probablemente recomendado por el propio Musk.


Isaacman es desde luego un empresario joven que podrĂ­a priorizar los contratos a empresas del New Space como SpaceX, Blue Origin, Sierra Space y Rocket Lab, al tiempo que cortase el llave a grandes sumideros de dinero como el cohete SLS liderado por Boeing o la estaciĂłn lunar Gateway liderada por Northrop Grumman. En uno de sus Ășltimos tuits habla tambiĂ©n de poner personas en Marte como un objetivo factible. La pregunta es cuĂĄntas cosas serĂĄ capaz de cambiar en cuatro años para que se vuelva un objetivo factible. Y a quiĂ©n beneficiarĂĄn esos cambios.


Imagen Trevor Cokley, SpaceX


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