Esta jueza es una IA y sus respuestas parecen bastante imparciales: ventajas y problemas de sustituir a los jueces por robots
Ruth Bader Ginsburg era una de las juezas mĂĄs reconocidas del Supremo de los Estados Unidos, con mĂĄs de 27 años de experiencia. Ahora todo ese trabajo ha sido condensado en una inteligencia artificial. Una empresa israelĂ, AI21 Labs, ha creado una IA basada en las respuestas de la jueza Ginsburg para ofrecer un chat que entiende preguntas del ĂĄmbito legal y responde si estĂĄ bien o mal.
Respuestas de una jueza del Supremo en pocos segundos. Para probar la IA podemos acceder a la web dedicada del programa Jurassic-1, el experimento donde se han repasado las opiniones, entrevistas y sentencias de la jueza. En total, mås de 600.000 palabras del åmbito legal se han utilizado para entrenar a esta IA. Todas ellas provienen de una de las juezas con mås renombre, que falleció hace un par de años.
En un recuadro, podemos escribir cualquier cosa a la IA, siempre que estĂ© en inglĂ©s y se pueda responder con sĂ, no o un quizĂĄs. La IA ademĂĄs de elegir una de las tres opciones, argumentarĂĄ ligeramente la respuesta. Le hemos preguntado por asuntos de privacidad, derechos laborales y asesinatos y las respuestas nos han parecido bastante lĂłgicas.
Hablar como un juez no significa pensar como ellos. Como ocurre con los distintos desarrollos de inteligencia artificial, por muy adecuadas que parezcan las respuestas, todavĂa estarĂĄn muy lejos de equipararse a las reflexiones de la jueza original, en este caso. Emily Bender, profesora de la Universidad de Washington explica que "puede devolver palabras y el estilo de ellas se basarĂĄ en el texto que introdujeron, pero no estĂĄ razonando".
La IA ya se ha implantado en la Justicia, pero por el momento como apoyo. Esta herramienta basada en la jueza Ginsburg es llamativa y es uno de los trabajos mĂĄs modernos, pero el uso de algoritmos e IA en la Justicia no es nuevo. Desde hace tiempo la administraciĂłn de Justicia utiliza algoritmos para calcular la probabilidad de reincidencia o para recuperar informaciĂłn de grandes bases de datos, pero se ha quedado ahĂ.
¿Es la inteligencia artificial imparcial? "En la medida en que un algoritmo no tiene por sĂ mismo ningĂșn elemento de subjetividad, sino que se limita a ejecutar una serie de Ăłrdenes, se elimina la posibilidad de interferencia de prejuicios o creencias que puedan alterar la aplicaciĂłn mecĂĄnica de las normas", explica David MartĂnez, profesor de derecho de la UOC.
Los robots se postulan como la solución ante la diferencia de criterios de los jueces. Al no verse afectados por las emociones, los algoritmos prometen una mayor objetividad. Sin embargo, como ya se ha mostrado en numerosas ocasiones, tampoco estån libres de sesgos. Frente a estos algoritmos, en España se ha creado la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial.
"Un algoritmo no es capaz de detectar las razones por las cuales se producen las conductas humanas", expone a RTVE el magistrado gallego, Luis Villares. Esa falta de capacidad para entender las emociones juega también un papel negativo a la hora de establecer una sentencia.
La Justicia es tan imperfecta como el ser humano. "La IA devuelve horas de trabajo a los magistrados y gestores que pueden ser invertidas en otras tareas, como valorar con mĂĄs minuciosidad las pruebas", expone Antonio del Moral, magistrado del Tribunal Supremo. Sin embargo, opina que "la IA no puede sustituir a los jueces, La justicia, por definiciĂłn, es humana e imperfecta, lo cual asumimos. El razonamiento judicial no se puede meter en unos moldes estandarizados porque cada ciudadano merece una soluciĂłn personal".
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Enrique Pérez
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