"Ya estamos en la singularidad de la IA": Sam Altman, CEO de OpenAI
Sam Altman ha elegido el pĂłdcast Relentless para soltar la frase que con toda probabilidad llevaba años preparando: "Ya estamos en la singularidad". El director general de OpenAI confesĂł despuĂ©s de pronunciar estas palabras que llevaba esperando este momento toda su vida. Esta declaraciĂłn llega apenas dos semanas despuĂ©s de que sus propios modelos de inteligencia artificial (IA) protagonizaran uno de los incidentes de ciberseguridad mĂĄs comentados de los Ășltimos meses.
El pasado 11 de julio GPT-5.6 Sol y un modelo todavĂa sin publicar se escaparon de un entorno de pruebas cerrado y accedieron sin autorizaciĂłn a los servidores de producciĂłn de Hugging Face. SegĂșn el propio relato de OpenAI, ambos sistemas estaban "hiperconcentrados" en superar el benchmark ExploitGym, y para lograrlo fueron capaces de hacer algo que hasta ese momento parecĂa imposible.
Resulta revelador que el propio Altman haya reconocido, apenas unos dĂas antes y en un pĂłdcast distinto, que quizĂĄ haya llegado el momento de frenar el ritmo de desarrollo de la IA. En una conversaciĂłn con Patrick O'Shaughnessy para Invest Like the Best, el director general de OpenAI admitiĂł que la industria necesita dar tiempo a la sociedad para asimilar estos nuevos niveles de capacidad, aunque reconociĂł no tener claro cĂłmo lograrlo sin que parezca una toma de control regulatorio.
LlegĂł a describir lo sucedido con Hugging Face como un episodio propio de la ciencia ficciĂłn, y lo calificĂł como "el primer incidente de seguridad que he sentido de una forma muy visceral". OpenAI, de hecho, ha pausado el entrenamiento de ese modelo mientras resuelve cĂłmo blindar su entorno de pruebas. Y, sin embargo, la definiciĂłn a la que recurre para hablar de la singularidad no es precisamente nueva: la formulĂł el matemĂĄtico britĂĄnico Irving John Good en 1965, y la bautizĂł el matemĂĄtico, informĂĄtico y escritor de ciencia ficciĂłn estadounidense Vernor Vinge en 1993.
SegĂșn Good y Vinge, alcanzaremos la singularidad cuando una mĂĄquina sea capaz de diseñar una sucesora mejor que ella misma, que a su vez pueda diseñar otra todavĂa superior hasta dejar atrĂĄs a la inteligencia humana. Es una idea elegante, no cabe duda. El problema es que nadie, ni Altman ni sus colegas del sector de la IA, ha fijado el umbral exacto que permitirĂa confirmar que ya se ha cruzado.
Demis Hassabis, el director general de Google DeepMind, cerrĂł el evento Google I/O de mayo diciendo a su audiencia que se encontraban en las proximidades de la singularidad, por lo que fue mĂĄs cauto que Altman. Este Ășltimo situĂł a la humanidad mĂĄs allĂĄ de este horizonte de sucesos en junio de 2025, en su ensayo "The Gentle Singularity" (La singularidad amable). Altman es claramente reincidente. Un año despuĂ©s sigue sin haber consenso sobre quĂ© significarĂa exactamente cruzar esa lĂnea, y las cifras econĂłmicas de OpenAI complican todavĂa mĂĄs su relato triunfalista.
En febrero de este año esta compañĂa informĂł a sus inversores de que sus gastos de inferencia se habĂan multiplicado por cuatro durante 2025, lo que empujĂł su margen bruto del 40% al 33%. Ese mismo informe situĂł los ingresos de 2025 en 13.000 millones de dĂłlares frente a un objetivo de unos 600.000 millones en gasto total de cĂłmputo hasta 2030, y Altman se ha comprometido por separado a desembolsar 1,4 billones para 30 GW de capacidad. OpenAI, de hecho, ha renunciado en la prĂĄctica a construir centros de datos propios. Prefiere usar los de terceros.
Los datos de seguridad tampoco ayudan a sostener el argumento de la explosiĂłn de la IA. La firma Hacktron sometiĂł a GPT-5.6 Sol Ultra, Sol Medium y Grok 4.5 a pruebas de desarrollo de exploits para Chrome hace pocas semanas, y necesitĂł 2.096 millones de tokens a lo largo de todo el ensayo para que uno solo de los tres modelos lograra completar una cadena de exploits entera.
Aikido Security, por su parte, probĂł 13 modelos frente a 26 vulnerabilidades conocidas y concluyĂł que GPT-5.6 lideraba con 23 aciertos, aunque Kimi K3 de pesos abiertos, el modelo de Moonshot, igualĂł esa cifra en pass@3 por un coste muy inferior. Una autĂ©ntica explosiĂłn de la IA deberĂa desencadenar una capacidad por unidad de cĂłmputo altĂsima. Y lo que muestran las propias cuentas de OpenAI es justo lo contrario: cada unidad de capacidad cuesta cada vez mĂĄs.
Imagen Flickr (procesada con ChatGPT)
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