ChatGPT hizo por este hombre lo que los veterinarios no pudieron: una vacuna ARNm que redujo el cáncer de su perra

ChatGPT hizo por este hombre lo que los veterinarios no pudieron: una vacuna ARNm que redujo el cáncer de su perra
chatgpt hizo por este hombre lo que los veterinarios no pudieron: una vacuna arnm que redujo el cáncer de su perra

Paul Conyngham no es biólogo. Tampoco es veterinario. Es un ingeniero de Sydney con casi dos décadas de experiencia en el campo de la ciencia de datos y de la IA. En 2024 su perra Rosie recibió un diagnóstico terrible: tenía un cáncer de células cebadas, el más común en la piel de los perros y prácticamente intratable con los métodos convencionales. Tras intentar de todo, a Conyngham se le ocurrió tomar un camino alternativo: abrió ChatGPT y empezó a hacerle preguntas.


ChatGPT como punto de partida. El modelo de IA de OpenAI actuó como asistente de investigación de Conyngham. Le ayudó a trazar un plan en un campo del que no conocía absolutamente nada, y fue el chatbot el que le sugirió explorar tratamientos de inmunoterapia. También le indicó la existencia del Centro Ramaciotti de Genómica de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), y allí comenzó un periplo fascinante.


Primer obstáculo: la burocracia. El equipo de investigadores identificó un fármaco de inmunoterapia qu eparecía prometedor, pero el fabricante del mismo se negó a suministrarlo para este tipo de aplicación. Fue un duro golpe para Conyngham, pero entonces Smith le habló de las vacunas ARNm y le preguntó si quería explorar esa vía. Por supuesto, dijo Conyngham. En realidad fabricar la vacuna era solo la mitad del problema, porque administrarla requería un permiso de aprobación ética, que permite realizar experimentos que involucren a seres vivos. Tras preparar un documento de 100 páginas en los siguientes dos meses, Conyngham logró esa aprobación.


Vacunas en dos meses. Una división de la UNSW dirigida por el profesor Pall Thordarson, fabricó la vacuna a partir de la fórmula de media página que Conyngham había generado. Solo faltaba encontrar a alguien para administrarla, y así fue cómo Conyngham logró contactar con Rachel Allavena, profesora de inmunoterapia canina en la Universidad de Queensland. Viajó diez horas con Rosie y se presentó allí para la primera inyección en diciembre.


El tumor reducido a la mitad. Investigadores de la UNSW y de la Universidad de Queensland han confirmado que uno de los tumores que tenía Rosie se había reducido a la mitad. Allavena explicaba cómo incluso el brillo de su pelo también se había recuperado y la perra parecía más feliz y sana. Conyngham lo confirmó: su perra estaba perdiendo energía, pero seis semanas después del tratamiento estaban en un parque y Rosie saltó la valla para perseguir un conejo que había visto.


Pero. Aunque la historia es extraordinaria, no hay aquí (de momento) una curación total y milagrosa. Uno de los tumores respondió a la vacuna, pero otro más grande no. Además no ha habido ensayos controlados ni un tamaño de muestra más allá de un animal o datos a largo plazo. El propio Conyngham comentaba cómo "no me hago ilusiones de que esto sea una cura, pero sí creo que este tratamiento le ha comprado a Rosie significativamente más tiempo y calidad de vida".


Y Conyngham no es un cualquiera. También es importante señalar que Conyngham tenía un perfil muy especial: sus 17 años de experiencia en ciencia de datos y aprendizaje automático (machine learning) fueron cruciales para que su investigación avanzara. Sus conocimientos técnicos permitieron que la IA le permitiera adentrarse en un campo que no conocía pero que podía entender, y el chatbot y otras herramientas aceleraron el proceso. Pero los que finalmente lo hicieron posible fueron los inmunólogos, los ingenieros de ARN y los oncólogos veterinarios que participaron en el proceso.


¿Sirve esto para otros casos? Smith formulaba una pregunta lógica tras este singular éxito. "¿Por qué no estamos desplegando esto para todos los humanos con cáncer?". La respuesta corta es clara: los ensayos clínicos llevan años, cuestan cientos de millones de dólares y exigen pruebas claras que en este caso simplemente son nulas. Uno de sus colegas, David Thomas, ya está trabajando en tratamientos similares de ARNm para pacientes humanos, y cree que aquí hay algo revolucionario: "lo llamativo es la idea de la ciencia ciudadana donde alguien de la calle con un perfil técnico puede usar sus habilidades en el proceso científico".


La segunda vacuna ya está en marcha. Lo que sí ha demostrado este proceso es que es posible comprimir de forma dramática el tiempo entre la idea y el tratamiento experimental. Thordarson señaló que lo que hizo Conyngham —generar una fórmula ARNm sin formación en biología— demuestra que la IA está ayudando a democratizar este proceso. De hecho el trabajo no ha terminado: la UNSW ya está trabajando en la secuenciación genética del tumor que no respondió al tratamiento y el objetivo es diseñar una segunda vacuna dirigida precisamente a tratar dicho tumor.


Imagen Ed Oswalt


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